Delfi Brea y Gemma Triay junto a Arturo Coello y Agustín Tapia con los trofeos de campeones

Los Golden Boys superaron a Chingotto y Galán en un final de infarto. Gemma y Delfi aplastaron a Ari y Ustero y rompieron su racha negativa en finales.

Roma tenía una deuda pendiente con el orden establecido. Durante semanas, las clasificaciones de esta temporada habían dibujado un mapa nuevo, con parejas emergentes amenazando la hegemonía de los históricos. El primer Major del año era el momento de la verdad. Y las parejas número uno del mundo respondieron exactamente como se esperaba de ellas: ganando.

Arturo Coello y Agustín Tapia en el masculino. Gemma Triay y Delfi Brea en el femenino. Los dos títulos del Italy Major quedaron en los mismos bolsillos. Los de siempre. Los que saben lo que cuesta llegar arriba y lo que duele perderlo.

Tapia se echa la final a la espalda

La final masculina tenía el nombre de siempre escrito en el cartel: Coello y Tapia contra Chingotto y Galán. Un clásico del circuito que en Roma volvió a ofrecer todo lo que promete.

El comienzo no fue fácil para los Golden Boys. Coello tardó en entrar en partido y Galán, suelto y sin cadenas, se apoyó en el trabajo invisible de Chingotto para llevar el primer set a su terreno. Pero cuando el duelo llegó a su momento decisivo, Tapia apareció. El argentino, con la espina clavada de Buenos Aires donde estuvo lejos de su mejor nivel en la final anterior, se transformó. Uno de esos días en los que parece jugar a otro deporte. Con él enchufado, la pareja uno se impuso 7-5 en el primer set con un golpe de autoridad que marcó el camino.

El segundo fue un ejercicio de tensión máxima. Coello y Tapia tuvieron el partido en la mano en dos ocasiones, sacando para ganar la final. Chingotto y Galán, que nunca bajan los brazos, encontraron el hilo del que tirar y mandaron el set al tie-break. Ahí volvió a emerger el Mozart. Un smash por la espalda de Coello que sorprendió a Galán cerró la final. El dedo en la sien de Tapia lo decía todo. 7-5 y 7-6. Cuatro torneos después, los número uno volvían a ganar.

Triay y Brea rompen su racha y aplastan la resistencia de Ari y Ustero

Si el masculino fue un thriller, el femenino fue una demostración de poder. Gemma Triay y Delfi Brea llegaban a Roma con cinco finales perdidas consecutivas y el número uno del ranking en serio peligro. Presión máxima. Respuesta máxima.

Enfrente tenían a Ari Sánchez y Andrea Ustero, la gran revelación del torneo tras protagonizar la semifinal más larga de la historia del pádel. Llegaban con el viento a favor y poco que perder. No fue suficiente.

Las pupilas de Seba Nerone salieron a resolver el partido antes de que sus rivales pudieran recuperarse del desgaste acumulado. El plan funcionó desde el primer juego. Con dos roturas consecutivas, Triay y Brea penalizaron cada error de una Ari Sánchez que acusó el cansancio de la maratón anterior. El primer set cayó 6-1 en poco más de treinta minutos.

El segundo ofreció algo más de resistencia. Ari ralentizó el juego con inteligencia, encontró fisuras en el sector de Brea y equilibró el marcador en un tramo en el que las favoritas perdieron el hilo. Fue entonces cuando Gemma Triay tomó el control. La menorquina dominó con su víbora, cerró espacios en la volea y contagió a Brea en los puntos decisivos. Parcial contundente para cerrar 7-5 y levantar el título.

Roma se rindió ante las mismas de siempre. Porque hay temporadas en las que todo cambia y otras en las que, cuando llega el momento grande, el pádel recuerda quién manda.

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